Si eres fisioterapeuta y tratas niños, seguro que has escuchado esta frase infinidad de veces en consulta: «Es que se pasa el día sentado con el móvil y la tablet, por eso le duele la espalda». Y si eres padre o madre, probablemente la hayas pronunciado tú mismo mientras mirabas con recelo la postura encorvada de tu hijo sobre la tableta.

La cultura popular y los medios de comunicación han extendido esta afirmación, señalando al sedentarismo y a las pantallas como los villanos indiscutibles del dolor de espalda en niños y adolescentes.

¿Y si esta frase, tan cómoda como popular, fuera mucho más frágil de lo que pensamos?

Una reciente y ambiciosa revisión sistemática con metanálisis liderada por Laura Montgomery (1) ha venido a poner patas arriba lo que creíamos saber sobre el comportamiento sedentario y el dolor pediátrico.

El equipo de Montgomery no se anduvo con chiquitas: analizaron 129 estudios que involucraban a más de 700.000 jóvenes de todo el mundo. Sin opiniones ni teorías biomecánicas más o menos elegantes. Los resultados son, cuanto menos, impactantes y nos obligan a ser mucho más cuidadosos con nuestras presuposiciones.

Si miramos la “foto fija” (estudios transversales), sí parece existir una pequeña asociación: los niños que pasan más tiempo sentados presentan un ligero mayor riesgo de reportar dolor cervical o lumbar. Sin embargo —y aquí viene el giro de guion—, cuando los investigadores analizaron los estudios longitudinales (aquellos que siguen a los niños a lo largo del tiempo para observar qué sucede primero), la correlación se fue diluyendo.

¿Y cómo podemos traducir estos dos grandes resultados?

Si analizamos los estudios transversales, vemos que la asociación entre mayor sedentarismo y dolor de espalda es débil, con baja calidad de evidencia y, lo más importante, sin implicar causalidad. Tal y como señalan los autores, observar que los niños más inactivos tienen más dolor podría significar exactamente lo contrario: que los niños con dolor tienden a moverse menos.

Por otro lado, los estudios longitudinales muestran que pasar muchas horas sentado no predice qué niños desarrollarán dolor de espalda, y que no disponemos de evidencia sólida que apoye al sedentarismo como un factor de riesgo causal. Y aquí el mensaje es claro (aunque incómodo): sentarse mucho no parece causar dolor de espalda de forma clínicamente relevante en niños y adolescentes.

¿Y en cuanto al pronóstico? ¿Influye el sedentarismo en que el dolor se mantenga o empeore?

A día de hoy, aún no lo tenemos claro. No contamos con estudios longitudinales que analicen el efecto del comportamiento sedentario sobre la evolución del dolor ya establecido en población pediátrica. Guante lanzado a los investigadores.

¿Y moverse sería la solución?

La respuesta corta es sí, pero con matices. Aquí entra en juego otro estudio masivo de Camila Miño (2) y colaboradores, que analizaron a más de 767.000 niños en 48 países. Sus resultados muestran una relación en forma de U entre ejercicio y dolor: existe un punto óptimo en la práctica moderada.

Las conclusiones más relevantes serían:

  • Los niños que realizan actividad física de intensidad moderada a vigorosa unos cinco días por semana presentan las menores probabilidades de sufrir dolor de espalda.
  • Hacer algo de ejercicio siempre es mejor que no hacer nada.
  • Cuidado con los extremos: el riesgo de dolor aumenta ligeramente en aquellos niños que entrenan a intensidades extenuantes los siete días de la semana.

Estos hallazgos coinciden con los de Franz y colaboradores (3), quienes, mediante el uso de acelerómetros, observaron que la actividad física moderada es protectora frente al dolor espinal diagnosticado. De forma interesante, su estudio mostró que los niños pasan, de media, el 62 % de su día en comportamiento sedentario, pero esto no tiene por qué ser una sentencia de dolor si se compensa con movimiento de calidad.

Llegamos a la parte incómoda (pero necesaria). Lo que quizá deberíamos dejar de hacer:

  • Culpar automáticamente a las pantallas.
  • Prescribir “moverse más” como tratamiento principal del dolor.
  • Asustar a las familias con discursos posturales rígidos.
  • Convertir el sedentarismo en el enemigo número uno.

Lo que sí parece sensato:

  • Promover la actividad física por salud general, no como “antídoto contra el dolor”.
  • Explorar otros factores que puedan estar contribuyendo a la experiencia dolorosa del niño.
  • Validar el dolor infantil.
  • Usar un lenguaje no alarmista: nuestras palabras pesan más de lo que creemos.
  • Acompañar, no corregir constantemente.

Quizá el mayor impacto de esta revisión no sea clínico, sino educativo y divulgativo. Porque lanza un mensaje muy importante a padres, clínicos y docentes:

«No lo estáis haciendo mal porque vuestro hijo tenga dolor de espalda».

Reducir el tiempo frente a pantallas es razonable por muchos motivos, pero culpabilizar o asustar por el dolor puede ser peor que el propio sedentarismo.

Dr. Moisés Giménez Costa

Fisioterapeuta

  1. Montgomery, L. R., Swain, M., Dario, A. B., O’Keeffe, M., Yamato, T. P., Hartvigsen, J., … & Kamper, S. (2025). Does sedentary behaviour cause spinal pain in children and adolescents? A systematic review with meta-analysis. British Journal of Sports Medicine59(6), 409-422.
  2. Miño, C., López-Bueno, R., Galan-Lopez, P., Manzano-Carrasco, S., Gutiérrez-Espinoza, H., Olivares-Arancibia, J., … & López-Gil, J. F. (2025). Moderate-to-vigorous physical activity is associated with lower odds of backache in children and adolescents: A multinational analysis over 19 years. European Journal of Pediatrics184(12), 777.
  3. Franz, C., Møller, N. C., Korsholm, L., Jespersen, E., Hebert, J. J., & Wedderkopp, N. (2017). Physical activity is prospectively associated with spinal pain in children (CHAMPS Study-DK). Scientific reports7(1), 11598.

Autor

  • Fisioterapeuta en la Diputació de València (Instituto Valenciano de Audiofonología-Colegio Luis Fortich y Servicio de Salud Laboral). Profesor de Postgrado en la Universitat de València.

    • Diplomado (2000) y Grado (2012) en fisioterapia por la Universidad de Valencia.
    • Máster oficial en Salud Escolar.
    • Doctor en Ciencias de la Salud por la Universidad de Alcalá (2023).
    • Máster en Terapia manual por la Universidad de Valencia
    • Postgrado en Fisioterapia en pediatría por la Universitat Internacional de Catalunya.
    • Ergónomo y psicosociólogo.
    • Fisioterapeuta del departamento de Salud Laboral de la Diputació de València y del Colegio Público IVAF-Luis Fortich.
    • Profesor de postgrado en el Departamento de Fisioterapia de la Universidad de València en másteres oficiales y títulos propios.
    • Ponente en varios congresos y jornadas nacionales e internacionales.
    • Miembro fundador de la Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor (SEFID) y miembro de la Sociedad Española de Fisioterapia en Pediatría (SEFIP).

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