En el pasado, se postulaba que la intensidad del dolor se relacionaba directamente con el grado de daño tisular. Sin embargo, el avance de la evidencia científica ha demostrado que un enfoque exclusivamente biomédico resulta insuficiente para explicar la complejidad del dolor y la discapacidad percibida. En la actualidad, se reconoce la necesidad de integrar factores físicos, psicológicos y sociales bajo un modelo biopsicosocial para comprender de manera integral la experiencia dolorosa.
Factores psicosociales y su rol en el dolor crónico
Diversos estudios han establecido una asociación significativa entre variables psicosociales, como la catastrofización, el miedo al movimiento y la depresión, y una mayor probabilidad de desarrollar dolor crónico y discapacidad funcional (2).
En este contexto, Sullivan et al. observaron que pacientes sometidos a artroplastia total de rodilla con altos niveles preoperatorios de pensamientos catastróficos y miedo al movimiento presentaban mayor intensidad y persistencia del dolor en el postoperatorio (5).
La catastrofización se conceptualiza como una construcción multidimensional que incluye tres componentes principales: rumiación (focalización excesiva en el dolor), magnificación (sobreestimación del carácter amenazante del dolor) e indefensión (percepción de incapacidad para afrontar la experiencia dolorosa).
Considerar este factor en la evaluación e intervención de personas con dolor crónico es fundamental, ya que altos niveles de catastrofización se han asociado con mayor intensidad de dolor, incremento en conductas dolorosas, mayor consumo de analgésicos y prolongación de la incapacidad laboral (2).
Miedo al movimiento y modelo de miedo-evitación
Otro factor relevante es el miedo relacionado con el dolor, el cual corresponde a una respuesta emocional negativa que promueve conductas de evitación y escape. Según el modelo de miedo-evitación, estos miedos conducen a la evitación de la actividad física, contribuyendo directamente a la discapacidad funcional (1,7).
La inactividad prolongada favorece el desacondicionamiento físico y aumenta el riesgo de comorbilidades, perpetuando un círculo vicioso entre dolor, miedo y discapacidad (1)
Evaluación clínica de factores psicosociales
La identificación de estos factores se facilita mediante instrumentos validados y de fácil aplicación en la práctica clínica.
La Escala de Catastrofización del Dolor (PCS) permite evaluar rumiación, magnificación e indefensión. Por su parte, la Escala de Tampa para kinesiofobia (TSK) permite evaluar el miedo al movimiento, mostrando una alta correlación con conductas de evitación y percepción de discapacidad (1).
Implicancias terapéuticas en kinesiología
Sullivan et al. demostraron que intervenciones dirigidas a factores psicosociales, combinadas con tratamiento kinésico, mejoran significativamente el retorno a las actividades laborales en comparación con intervenciones exclusivamente físicas (4). Resultados similares han sido descritos en intervenciones cognitivo-conductuales y programas de educación en dolor (3,6).
Si bien el abordaje de los factores psicosociales ha sido tradicionalmente atribuido al ámbito de la psicología, en la práctica clínica no siempre se dispone de un enfoque interdisciplinario simultáneo.
En este contexto, la evaluación e intervención sobre estos factores desde la kinesiología constituye una necesidad clínica coherente con el modelo biopsicosocial.
Evaluar los factores psicosociales y comprender sus resultados permite identificar cuándo se requieren intervenciones específicas, además de mejorar la precisión en la estimación del pronóstico y orientar la planificación de tratamientos acordes a las necesidades de la persona.
Factores modificables y estrategias de intervención
La evidencia actual sugiere que la catastrofización y el miedo al movimiento constituyen factores de riesgo modificables en el dolor crónico (2,7). Su abordaje puede realizarse mediante intervenciones como la educación en neurociencia del dolor, el apoyo emocional, la promoción de la actividad física y estrategias cognitivo-conductuales, las cuales han demostrado ser efectivas para reducir la discapacidad y mejorar la funcionalidad (3,6).
Conclusión
La evidencia disponible respalda que la catastrofización y el miedo al movimiento se asocian directamente con la intensidad del dolor y la discapacidad percibida, influyendo en los resultados terapéuticos.
La integración del modelo biopsicosocial en el abordaje de personas con dolor crónico requiere no solo la evaluación sistemática de estos factores, sino también la adaptación de las intervenciones clínicas para responder de manera efectiva a las necesidades del usuario.
Klga. Lissette Yañez Vallejos
Miembro de la Sociedad chilena de kinesiologia del Dolor (SOCHIKIDO)
Bibliografia
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2.Pincus T, Burton AK, Vogel S, Field AP. A systematic review of psychological factors as predictors of chronicity/disability in prospective cohorts of low back pain. Spine (Phila Pa 1976). 2002;27(5):E109–20.
3.Moore JE, Von Korff M, Cherkin D, Saunders K, Lorig K. A randomized trial of a cognitive-behavioral program for enhancing back pain self-care in a primary care setting. Pain. 2000;88(2):145–53.
4.Sullivan MJ, Adams H, Rhodenizer T, Stanish WD. A psychosocial risk factor–targeted intervention for the prevention of chronic pain and disability following whiplash injury. Phys Ther. 2006;86(1):8–18.
5.Sullivan M, Tanzer M, Stanish W, Fallaha M, Keefe FJ, Simmonds M, et al. Psychological determinants of problematic outcomes following total knee arthroplasty. Pain. 2009;143(1–2):123–9.
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7.Vlaeyen JW, Linton SJ. Fear-avoidance and its consequences in chronic musculoskeletal pain: a state of the art. Pain. 2000;85(3):317–32.
