La nocividad real o potencial no es necesaria ni suficiente para sentir dolor

Dr. Arturo Goicoechea analiza críticamente la propuesta de Weisman, Quintner y Cohen en la revista ‘Brain’, planteando una tesis audaz: el dolor como un estado alucinatorio independizado de la realidad tisular.​

El debate sobre la necesidad de la nocicepción

​Saf Weisman, John Quintner y Milton Cohen, en el artículo aceptado para publicarse en la revista Brain; Adieu to an aphorism: why nociception is necessary for pain, proponen sustituir el aforismo: “la nocicepción no es necesaria ni suficiente para sentir dolor” por este otro: “la nocicepción es necesaria pero no suficiente”.​

Dan por sentado que no es posible sentir dolor sin la presencia de potenciales de acción generados en las neuronas nociceptivas, o por estados de facilitación de las vías nociceptivas (“aparato nociceptivo”). Sin embargo, la activación de determinadas áreas cerebrales, en ausencia de señal nociceptiva, puede inducir dolor, tal como sucede en las crisis epilépticas de la ínsula posterior, que se expresan por dolor paroxístico.

¿Ilusión o Alucinación de daño?​

En mi opinión, el término pertinente aquí sería el de «alucinación»:

• ​¿Podría considerarse la posibilidad de un dolor sin daño real o potencial como una alucinación?

• ​¿Cabe la posibilidad de que el cerebro imagine un daño potencial y ello baste para que aparezca en la conciencia el dolor, aun cuando la valoración de amenaza sea errónea?​

La imaginación activa las mismas áreas cerebrales que dan lugar a la percepción con objeto. Sabemos que estamos imaginando y la ausencia de datos sensoriales mantiene lo imaginado en su propio ámbito. Sin embargo, el dolor expresa en la conciencia la transición a un estado de alerta-protección. Contiene implícitamente una atribución de amenaza a la integridad física de los tejidos.​

El error del sistema y el sesgo de confirmación​

El organismo mantiene la atribución de amenaza, pese a la evidencia sensorial. Estaríamos ante una alucinación de daño. El sistema neuroinmune gestiona la función evaluativa y actúa cuando la información disponible —independientemente de que sea correcta o no— genera la transición al estado de alerta-protección.​En nuestra especie, esa información incluye la facilitada por los expertos, pudiendo tener más potencia que la aportada por los datos sensoriales. El dolor confirma la validez de las creencias y expectativas, generando una estructura circular (sesgo de confirmación) que mantiene el estado del sistema, a pesar de la evidencia de ausencia de daño-estrés.

Conclusión: La independencia del estado alucinatorio​

Desde la perspectiva del proceso alucinatorio, la clave reside en el aprendizaje guiado por la información de los expertos, que potencia la narrativa de un organismo frágil y vulnerable.​

En mi opinión, la capacidad imaginativa y la dependencia de la cultura pueden construir creencias y expectativas con suficiente poder para inducir transiciones a estados de alerta-protección, sin que la evidencia de ausencia de daño-estrés tisular baste para contener el bucle de retroalimentación positiva. Estaríamos ante un estado alucinatorio que se ha independizado de lo que realmente está sucediendo.​

Lo que procede es modificar los componentes cognitivos, atencionales, emocionales y sociales que conforman el estado injustificado de alerta-protección, recuperando la confianza del sistema a través de la educación en biología del dolor.

Autor

  • Arturo Goicoechea

    Doctor en Medicina y especialista en Neurología. Fue jefe de la Sección de Neurología del Hospital Santiago de Vitoria. Es autor de obras fundamentales como Cerebro y dolor y Desaprender la migraña, libros que han transformado la comprensión del dolor crónico en el mundo hispanohablante. Pionero en la aplicación de la biología evolutiva y la pedagogía en la clínica, dedica su actividad actual a la divulgación y formación sobre los mecanismos de error del sistema de evaluación de peligro del cerebro.

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